Subido el Miércoles 14 Marzo 2007
8 de marzo de 2007: casi un siglo después, las mujeres seguimos empeñadas en la misma batalla
“El Día de las Mujeres o el Día de las Mujeres Trabajadoras es un día para la solidaridad internacional y un día para revisar la fuerza y la organización de las mujeres proletarias. Pero no es un día especial sólo para las mujeres. El 8 de marzo es un día histórico y memorable para los trabajadores y para los campesinos, para todos los trabajadores rusos y para los trabajadores de todo el mundo “(Alexandra Kollontai)
Iniciamos este artículo con una cita de Alexandra Kollontai, la gran revolucionaria rusa que ejemplifica como pocas el esfuerzo por situar como corresponde la lucha por la liberación de las mujeres en el marco global de la batalla por la emancipación de la clase. Y ello, con el objetivo de recordar el origen de una fecha que, como tantas otras, por manida y vaciada de contenido, parece más una jornada de escaparate publicitario de las instituciones al servicio del gobierno de turno que de reivindicación firme de los principios de la igualdad entre hombres y mujeres.
Se discute hoy si la fecha elegida para la conmemoración de este día se ajusta a la versión tradicional que nos remite al incendio, en 1908, de la Fábrica Cotton de Nueva York, en el que 129 trabajadoras textiles en huelga pudieron haber perdido su vida. Se discute, incluso, si era ésa la fábrica o más bien otra (la The Triangle Shirtwaist Company, también de Nueva York) en la que sobrevino el desastre. Se debate sobre el día exacto y el año preciso. Sea cual sea el desencadenante, lo que nadie puede someter a discusión es que fue la socialista Clara Zetkin, líder del Partido Socialdemócrata Alemán y de la II Internacional Socialista la promotora de esta celebración a escala internacional.
En la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, en agosto de 1910, es la Zetkin, junto a Käte Duncker y otras compañeras la que presenta y consigue la aprobación de una moción que insta a las mujeres socialistas de todas las nacionalidades, de acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, a organizar un día de las mujeres.
Aunque el objetivo inicial de esta celebración era, en ese momento, la lucha por el derecho al voto, pronto se incorporan en los programas de las organizaciones revolucionarias las reivindicaciones de acceso a la educación para las mujeres, la lucha por un sistema educativo no sexista, el reconocimiento legal del divorcio, el derecho a la planificación familiar y la socialización de las tareas domésticas.
Con el tiempo y la lucha, llegarían nuevas reivindicaciones, nuevas retos y nuevas aportaciones teóricas sobre la cuestión de la emancipación de las mujeres. También, estructuras organizativas y herramientas de lucha propias de las mujeres que fueron haciendo posible la consecución de algunos de los objetivos marcados.
Hoy, casi un siglo después de aquel primer 8 de marzo revolucionario, las mujeres seguimos empeñadas en el mismo camino. Algunos objetivos estás alcanzados en el plano formal; otros, están más bien lejos de realizarse. Para las mujeres del mundo desarrollado, algunos logros han sido importantes; para las de la periferia, la situación es aún de kilómetros y kilómetros por recorrer. Algunos son también los hombres que han decidido aportar sus fuerzas en esta batalla y que han comenzado a dar pasos en la misma dirección que nosotras llevamos andando durante casi dos siglos.
Es en el seno de las organizaciones revolucionarias, en la conciencia de los hombres y de las mujeres que nos reivindicamos de la lucha por el socialismo y del comunismo - como así fue en sus orígenes -, donde con más fuerza ha de calar la necesidad de seguir reforzando la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres como una exigencia de la lucha global por la emancipación social. “Que la igualdad ley ha de ser…”
Diana Bazo Morales
